La importancia de la prosperidad económica ante los desastres naturales

Bulldozer moving rubble near collapsed multi-story building

Desde que la Sociedad Bastiat de Venezuela nació en 2015, nuestro norte ha sido el mismo: hacer entender a los venezolanos que la prosperidad económica no es un lujo, sino una necesidad vital. Hoy, ante el dolor inmenso que nos deja el devastador terremoto de este 24 de junio, nos vemos en la obligación de alzar la voz nuevamente, con el corazón compungido pero con la convicción intacta.

El panorama es desolador. Hablamos de miles de vidas rotas, entre fallecidos y heridos; de cientos de hogares y edificios reducidos a escombros, especialmente en La Guaira. En medio de este caos, la capacidad de respuesta de los entes públicos se ha mostrado, una vez más, dolorosamente rebasada y disminuida.

Cuando ocurre una tragedia de esta magnitud, cada segundo cuenta. Salvar una vida atrapada depende de una atención rápida y diligente, algo que se vuelve cuesta arriba en un país que arrastra años de una profunda crisis económica, política y social.

Hoy nos falta la maquinaria pesada indispensable para remover los escombros a tiempo. Lo que no nos falta es el gran corazón de nuestra gente. El venezolano es solidario por naturaleza; lo vemos en las calles compartiendo en algún centro de acopio lo poco que tiene: una botella de agua, una lata de atún, un paquete de harina de maíz. Es un gesto de una nobleza infinita, sumamente loable, pero que lamentablemente resulta insuficiente ante el tamaño de la catástrofe.

Si tuviésemos ese sistema diferente por el que llevamos más de una década trabajando, la realidad sería otra. Un ciudadano que además de ser solidario es próspero, no se limitaría a donar tres insumos; tendría la capacidad de llenar esos centros de acopio en cuestión de horas.

No podemos normalizar las cifras: con cerca del 90% de la población en condiciones de pobreza y salarios que no alcanzan los cinco dólares mensuales, la supervivencia de millones ha dependido de una bolsa CLAP o de un bono. Esta vulnerabilidad extrema tiene que acabar. Un modelo donde la ciudadanía depende por completo del Estado nos deja a todos desamparados cuando ese Estado falla.

Es insostenible, inviable e inhumano seguir profesando un sistema que fortalece al político mientras debilita y somete al ciudadano. El momento del cambio es ahora. Necesitamos sustituir este modelo de dependencia por uno de gobierno limitado y ciudadanos empoderados. Solo una sociedad libre es una sociedad fuerte, capaz de resistir y recuperarse de los embates de la naturaleza.

El límite de la solidaridad no debería ser el bolsillo. Un ciudadano próspero ayuda sin restricciones. Una empresa fortalecida dona a gran escala. Una clase trabajadora con salarios dignos puede comprar y donar un mercado entero para una familia damnificada, sin comprometer su propio sustento.

En la Sociedad Bastiat no nos resignamos, imaginamos una Venezuela distinta. Una Venezuela con una industria de la construcción pujante y privada que, en momentos como este, no dudaría en volcar toda su maquinaria pesada a las calles para rescatar a los suyos. La libertad económica no solo son números en una gráfica, es la herramienta que nos da los recursos para salvarnos la vida unos a otros.

Luis López

Director 

Sociedad Bastiat de Venezuela

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